LA ARQUITECTURA COMO POÉTICA DEL ESPACIO

LA PROMINENCIA DEL TIEMPO EN LA OBRA DE JUAN CARLOS CALDERÓN

Por Pablo Gozalves

Cuantos de nosotros hacemos refugios subterráneos en la memoria, donde nos arrojamos por un instante, para vivir el presente con un tono tristemente febril… melancólico. El simple gesto de experimentar este sentimiento nos da un resplandor poético, una lucidez inabordable muchas veces y fuertemente arraigada a la vida.

En el estado melancólico vibra aquello lejano que repentinamente aparece en nuestra memoria y que se muestra disperso en nuestro propio interior, precipitándonos en la madriguera de la ensoñación —como Alicia— para ver pasar, mientras caemos, imágenes que no logramos atrapar y que por tanto no configuran un eco del pasado, sino, la arbitrariedad vívida del presente, del acto poético en el sublimado salto al vacío. En La caída en el tiempo Cioran escribe: “Por mucho que me aferre a los instantes escapan… Yo acumulo cosas caducas, no ceso de fabricarlas y precipitarlas al presente…”.

La idea afianzada de que somos literalmente arrogados al mundo para tratar de soportar la vida de una manera aceptable olvida, como bien dice Bachelard que: “Antes de ser lanzados al mundo, el hombre es depositado en la cuna de la casa”. La casa es la propia cuna que con su calor nos envuelve, protege y acoge de la hostilidad exterior del mundo. Es el primer refugio y el albergue de nuestros recuerdos, guardando entre sus cuartos, pasillos y escondites, la luz que en momentos de estallido vuelve a iluminarnos.

El acto poético contiene un don y una sabiduría de otro orden de pensamiento que es enigmático, caprichoso e indiscutiblemente creador-recreador-procreador. Intuimos entonces, la potencia y el carácter orgánico y artificioso de dicho pensamiento. Aunque esto último parezca una gran contradicción.

1_Juan Carlos Calderón
Retrato de Juan Carlos Calderón

Todo este vaivén inacabado sobre los entretelones de la experiencia del tiempo y la poesía nos permite hablar de la arquitectura como poética del espacio y de Juan Carlos Calderón como poeta de la ciudad.

La obra extensa del arquitecto Calderón se extiende por toda Bolivia, sin embargo, hay una urbe a la que su obra está dedicada, porque de la misma manera que Jaime Saenz inventó memorables imágenes de esta ciudad que se entretejen en su espíritu y que enriquecen su tradición desde la literatura. Calderón, cual “monje con lápices”, con su impronta poética configuró una visión única de su natal y amada La Paz.

Calderón estaba enraizado en el barrio de Sopocachi. Podemos imaginarlo paseando por las calles paceñas con una sonrisa cordial. Recuerdan sus amigos que solía decir que escuchó las campanas del Montículo antes de nacer. Un corazón atado íntimamente a la ciudad, es decir, a la gran casa que organiza su sentido espacial y temporal de la vida, no puede menos, como es el caso, que convertirse en un asceta del oficio de darle forma, un anacoreta entregado a la contemplación constante del paisaje, y de los cambios y movimientos formales y sociales que vive la ciudad.

Calderón escribió “…cada uno de nosotros hacemos mover el mundo. El mundo a nuestro alrededor es, entonces, a medida que nos movemos en él, un gran sistema dinámico”. Si cada persona mueve el mundo desde su particular eje, la intersubjetividad que se desprende de este hecho configura el espíritu de la ciudad en el cúmulo de vibraciones interiores que hilan cada una de sus hebras y de las que no podemos pretender dar cuenta clara de lo que sucede. Hay una arbitrariedad intrínseca que va más allá de nuestras deudas con la historia y del psicologismo que busca explicar las cosas partiendo de los síntomas que le dan origen, extirpando y desvirtuando, de esta forma, su esencia poética.

Es sabido que Calderón adscribió su propia obra al ideal Organicista de Frank Lloyd Right, quién situó la arquitectura más allá de la frivolidad funcionalista de la sociedad de consumo para tratar de integrar al hombre con la naturaleza, enlazando en la arquitectura la vida cotidiana con las propias leyes que rigen el cosmos y que transparentan las huellas de su crecimiento. Escribió también: “Más allá de las reacciones emocionales, y al observar cada proceso temporal, hay en la Naturaleza una gramática estructural que es aparente al ojo humano: el desarrollo de un objeto en el tiempo se muestra como una huella a lo largo de la dirección del movimiento.”

Si bien el Organicismo apuesta por integrar natura con arquitectura, es propio del acto poético un distanciamiento de la materia en la que se proyecta, un abandono en el tiempo. Este rasgo arbitrario de la creación artística es fundamental y no es contradictorio al credo de integración con los ritmos del devenir natural. La complementa y de hecho la enriquece porque al diseñar una obra el arquitecto se aleja al ver una grilla modular en blanco sobre la cual empieza a diseñar, confiado en un orden universal que desafía sus propios límites.

Si mientras paseamos levantamos los ojos podremos ver que gran parte de las construcciones arquitectónicas son netamente bloques funcionales, en unos casos son escenográficas, pirotécnicas, en otros, simplemente son fachada y muchas son improvisadas, pero solo unas pocas logran alcanzar un tono poético en el que los volúmenes y materiales dialogan con nosotros.

Arquitectos como Luis Barragán, Carlo Scarpa, Tadao Ando, entre otros, logran producir en sus obras ese tono poético, en el que uno por un momento logra abstraerse en la luz que penetra por un vano, o gracias a los materiales alcanza un estado de contemplación en el que se deleita, se distancia sin darse cuenta del mundo, procurando una intimidad poética con la armonía del propio paisaje interior. Calderón por mérito propio se integra a esta lista de poetas de la arquitectura que dejan un legado que debemos aprender a apreciar y preservar.

En el paseo por la ciudad, tristemente sale a la luz nuestra idiosincrasia que va apropiándose de los espacios y los transforma sin ningún respeto ni cuidado a las obras fundamentales de nuestra arquitectura. No deberíamos necesitar un cartel que diga “patrimonio” para distinguir aquello que da carácter a la ciudad. Menos bajar la cabeza con indiferencia.

[COLUMNA: PENSADOR PRIVADO – Nº 1]

SUPLEMENTO IDEAS
Publicado el 28 de enero de 2018 en Página Siete, La Paz – Bolivia.

 

Entrevista realizada por Claudia Daza (Radio París) a propósito de
La Poética de Calderón:
https://laescobaescultural.wordpress.com/2018/03/06/la-poetica-de-calderon/

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